Ámsterdam, la irreverentemente llamada Venecia del Norte, es la capital de Holanda. Lo que más nos maravilla de la ciudad es el encanto personal con el que combina todas las ventajas de una gran ciudad y los atractivos de aldea histórica que la caracterizan. La ciudad goza de una intensa vida cultural y un ambiente de los más cosmopolitas de Europa. Se extiende, actualmente, sobre una superficie aproximada de 21.000 hectáreas en la que conviven gentes de múltiples lugares. De hecho un tercio de su población proviene del extranjero. Construída a orillas de los ríos IJ y Amstel, una pintoresca red de canales, en forma de tela de araña, la divide en 90 islas, unidas entre sí por más de 250 puentes. Se dice que Ámsterdam tiene más canales que Venecia y más puentes que París, sin olvidarnos de sus más de 40 museos, 70 teatros y 44 parques deportivos. La llamada cariñosamente A'dam no es una ciudad imperial, construida por soberanos pretenciosos, sino levantada casa a casa, edificio a edificio. Una ciudad que merece la pena recorrer a pie, caminando despacio, admirando todos y cada uno de sus rincones, muchos de los que, sin duda alguna, fotografiaremos. Hay quien dijo que no se disfruta de la libertad en ningún otro lugar del mundo como en Ámsterdam. Una frase que podría estar escrita en alguna de las múltiples fachadas multicolores con las que nos toparemos al recorrerla. Pero en realidad fue la definición que dió de Ámsterdam el filósofo René Descartes cuando la visitó a principios del siglo XVII. Cualquiera que hoy la visite llegará, probablemente, a la misma conclusión: Ámsterdam es, por encima de todo, la cuna europea de la tolerancia, una ciudad receptora de todo tipo de gente y escaparate de todas las vanguardias. |